lunes, 8 de diciembre de 2008

Nueva York -Navidad Mágica 2000-

Participando en un sorteo para ganar un viaje me hicieron la típica pregunta: ¿Qué es lo que más te atrae de Nueva York? Y mi respuesta fue fácil: Su polifacetismo, su vanguardismo, su bullicio, su estructura cristalina. Su INMENSIDAD

Hace ya 8 años de mi viaje a la ciudad que nunca duerme. Si, fue en el 2000 justo 9 meses antes de la tragedia. El 11 de septiembre de 2001 estaba en casa frente al televisor. Por aquel entonces estaba apunto de empezar 3º de bachillerato y como todos, me quedé asombrada. Pensaba que sólo quedaban 3 meses para navidad y que justo la navidad anterior yo había estado allí, paseando entre los edificios más altos del mundo.

Aunque parece que la información que tengo almacenada en la memoria remota incluye pocas cosas, todavía puedo revivir aquellos días.

El vuelo vía Frankfurt fue algo movidito. Al cruzar el atlántico sufrimos una turbulencia moderada, el avión se balanceó y estaba sujeto a movimientos verticales bruscos, empezamos a bajar y me empecé a marear. Desperté a mi madre y mi novio de entonces y tenía náuseas. Los compartimentos superiores se abrieron y empezaron a caer las cosas y después de bajar unos 2000 m (estos aviones suelen volar a unos 12000 m), nos estabilizamos de nuevo.

Ya en tierra, el taxista que nos llevó al hotel resultó “conocer” donde vivo, puesto que había estado una temporada en Sitges. Si es que el mundo es un pañuelo (por cierto, ¿de dónde vendrá está expresión?).

Tras un rato, llegamos al corazón de Manhattan y al hotel Pennsylvania. A partir de ese momento no puedo describir cronológicamente las vivencias, sino destellos de estas.

Recuerdo el regaño de mi madre tras preguntarme si sólo me había llevado ese abrigo de pana...

Recuerdo Battery Park con las ardillas que se subían a mi pierna y el frío que pasé en el ferry hasta la Estatua de la Libertad. Un frío desgarrador, en el que mis manos quemaban como nunca antes.


Me acuerdo de Central Park y de cruzar la octava avenida y encontrarme con el Strawberry Fields Memorial, dedicado a la memoria de John Lennon. Allí más de 100 países contribuyeron con plantas pero parece que el mosaico de Imagine, fue un regalo de la ciudad de Nápoles.


No lejos de allí, el Museo de Historia Natural y su interesante parte dedicada a los dinosaurios.

Tampoco se me ha olvidado el edificio plancha ‘Iron Flat’ inaugurado en 1902 ni el Empire State con su peculiar antena, el entonces “derrotado” por las Torres Gemelas y el actualmente “descontento” (desde mi punto de vista) de ser el más alto de la ciudad.



Aún parece que me deslumbre los letreros luminosos de Times Square... pero si de edificios se trata, sin duda el complejo mejor guardado y archivado en mi retina es el World Trade y las Torres Gemelas. Subimos por uno de los 239 ascensores a la torre sur y en 58 segundos a 40km/h llegamos al cielo, al piso 107. Una vez arriba, me quedé sin palabras para describir lo que veía desde la escultura de acero y cristal, parecía que flotaba con ella.


Abajo, con los pies en la tierra, me viene a la memoria el Toro de Wall Street, otro icono inmenso del bajo Manhattan y mi madre embuelta hasta los ojos y la cabeza con una especie de pashmina morada y blanca.



Recuerdo un lugar parecido a un ‘pub’ donde comíamos unas patatas cortadas por la mitad y algo vaciadas, rellenas con bacon y cubiertas con queso, hechas al horno. Pero además de estas y otras delicias como los hot dogs, la mejor experiencia fue la cena de nochebuena, de la que desgraciadamente no tenemos ninguna foto.
Yo no recuerdo que llevaba puesto, pero mi madre creo que llevaba un vestido color burdeos. Lo que importa es que ahí estábamos, en el restaurante The View del hotel New York Marriot Marquis, un restaurante giratorio con vistas espectaculares sobre el skyline.

Finalmente, aún recuerdo las luces centelleantes, el árbol navideño del Rockefeller Center, la inmensa cola de la pista de patinaje... Recuerdo la Fifth Avenue , su bullicio, sus elevados precios, unos Santa Claus de juguete que movían sus caderas a ritmo de la tradicional jingle bells... Recuerdo oír a media noche y medio dormida... Jo-jo-jo! Feliz navidad!!!



Recuerdo gente pobre tirada en la calle, porque en N.Y también existe la pobreza (el número de necesitados ha aumentado un 28% este año). Retengo la estampa del detector de control aeroportuario pitando y una neoyorkina de origen africano de 2 m x 2 m haciéndome poner los brazos en cruz.

Recuerdo un típico souvenir de una placa de taxi, recuerdo un reloj Gucci comprado en Chinatown, el dinamismo y el caos.

¿Viene usted con la intención de matar al presidente? No, vengo por su encanto.

Probably you don’t remember me, but I am here, still remembering you...

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