Hoy tenemos la primera de las excursiones que hemos contratado fuera de Ámsterdam ‘Half Day Tour to Alkmaar Cheese Market and Schermerhorn Windmills’. Las visitas se pueden hacer por cuenta propia en tren, pero nosotros preferimos coger las excursiones con alguna empresa. El año pasado compramos las de Edimburgo a través de www.viator.com y como nos gustaron mucho, decidimos comprar estas en la misma página. Los tours que se ofrecen se realizan siempre a través de una agencia situada en la ciudad de destino. La de Ámsterdam está situada en la calle Damrak y se llama Lindbergh (http://www.lindbergh.nl). Bien pues nos montamos en el bus y empezamos la excursión viendo los polder y llegando a Alkmaar con su fascinante antiguo mercado de queso, donde se ve en la plaza a los transportistas con los trajes tradicionales, los ofertantes y las carretillas de quesos listas para ser cargadas en los camiones y en ocasiones se ve alguna pareja que cruza la plaza para poder llegar hasta la iglesia en la que celebran la boda.

A parte de ver la subasta, tenemos tiempo para visitar el pueblo y comprar algunas postales.
Sobre las 11h continuamos hacia la próxima parada, el fotogénico pueblo de Schermer con sus famosos molinos de viento. La entrada al molino (4,00€) no está incluida pero como se puede ver desde fuera, no entramos.

Esperamos que salgan los que han decidido hacer la visita y volvemos a montar para bajarnos en Edam para visitar una fábrica de queso, donde el queso sigue realizándose de manera tradicional. Después de la pequeña charla sobre la preparación de la leche, la coagulación, la cuajada y el desuero, el salado y el moldeo y prensado, pasamos a la sala de degustación, con un sinfín de variedades de queso de la casa Henri Willig http://www.henriwillig.com/ todas riquísimas. De momento probamos pero no compramos.
Tras unas 5 horas, estamos de nuevo en Ámsterdam y vamos a comer a un McDonald’s de la misma calle Damrak y después salimos pitando para coger el ‘Hop on, hof off canal cruise’ de la empresa Canal-Bus, en frente de la Estación Central. Compramos el pase para un día, que nos cuesta 18,00€ y nos embarcamos para hacer la ‘Ruta verde’ que pasa por la Casa de Ana Frank, Leidseplein, el Rijksmuseum, Rembrandtplein y Rembrandt House. Con el pase, se puede bajar y subir las veces que se quiera durante todo el día y dura hasta las 12h de la mañana del día siguiente. Nosotros, ya hemos visitado todas las zonas y damos la vuelta entera que tarda 1h 20min aprox. Nos bajamos en la parte Este de la Estación, justo al otro lado de donde hemos subido y bajamos y subimos corriendo en otro barco que está a punto de salir para hacer la ‘Ruta Azul’ que se acerca a la Terminal de Cruceros, el edificio Nemo, el Zoo, la zona del Tropen Museum, el Ayuntamiento y un taller de talla de diamantes. Esta vez también tardamos 1h 20min aprox. es decir, hacemos un paseo de unas 2h 40 min. que es recomendable para tener otra visión de Ámsterdam y resulta una buena manera de refugiarse de la lluvia.

Después de las primeras impresiones, llegamos al puente viejo ‘Willemsburg’, a la centenaria torre White House y bajamos frente al Puente Erasmus del arquitecto Ben van Berkel, que une el núcleo histórico de la ciudad con la zona de reciente expansión. Se dice que es el puente colgante más grande del mundo y el más alto de Holanda. Saliendo ya vemos la torre Euromast de unos 185m.
Después de comer en una pizza congelada en un restaurante horroroso propuesto por la guía… y de otro tramo de carretera, llegamos a La Haya. Tras el recorrido por las diferentes embajadas, bajamos frente al Vredespaleis ‘Palacio de la Paz’, sede del Tribunal de Justicia Internacional de las Naciones Unidas.
En un corto trayecto pasamos por Scheveningen, ciudad costera y llegamos a Madurodam, ciudad neerlandesa imaginaria que incluye monumentos de los Países Bajos a escala 1:25.

Finalmente regresamos a Ámsterdam y aprovechamos para dar una vuelta hasta la Universidad y cenar en un restaurante mejicano que teníamos pensado, La Margarita. En su terraza se puede disfrutar de las mejores vistas al atardecer, pero cenamos en el interior con unos potentes margaritas.
Domingo 7 de septiembre
Hoy, última excursión. Destino ‘Zaanse Schans Windmills, Marken and Volendam’ para ver las auténticas casas de madera, los molinos de viento y los pueblos pesqueros. El pintoresco pueblo de Zaanse Schans es famoso por sus edificios originales, que reflejan la vida de los siglos XVII y XVIII. Vamos a ver más molinos de viento y otra fábrica de zuecos. Posteriormente viajaremos a Volendam y de aquí a Marken en barco. Así pues, la primera parada es Zaanse Schans. El lugar tiene su encanto, en la entrada nos hacen una foto y enseguida me llega el olor a chocolate. Es como una aldea hecha para el turismo, donde pastan las vacas, con una fábrica de queso, los molinos… un lugar curioso con sabor a chocolate.

Después, visitamos otra quesería de la misma familia que la de la primera excursión y nos dirigimos hacia Volendam, conocido por sus antiguos barcos de pesca tradicionales y la ropa todavía usada por algunos residentes.

Finalmente, después de pasar bastante frio en Volendam embarcamos en el ferry y en unos 20 min. llegamos a Marken. Marken fue una isla hasta 1959 y sus habitantes construyeron sus casas de maderas sobre montículos de espacio limitado, pero como está lloviendo, la visita guiada se convierte en una vuelta rápida por las calles hasta llegar al bus.
De vuelta ya en Ámsterdam visitamos los grandes almacenes De Bijenkorf (La colmena), donde se puede encontrar de todo, pero lo mejor son las vistas desde la terraza del último piso. Luego nos acercamos al IceBar, pero pese a que debería estar abierto, nos lo encontramos cerrado. Es extraño puesto que el horario de la puerta indica que tendría que haber alguien, preguntamos al chico de la tienda de al lado y nos dice que siempre está abierto a esa hora… Esperamos y al rato llega una chica que nos comenta que lo tienen cerrado por cambio del decorado y reposición del hielo de las paredes, etc. Después bajamos viendo las tiendas de Kalverstraat hasta la plaza Spui donde cerca se encuentra De Rozenboom, un pequeño restaurante holandés que sirve comida tradicional. Pasamos un rato sentados en un banco de la plaza, haciendo fotos tontas y viendo la vida pasar.
En realidad, estamos esperando que abra el restaurante pero cuando nos decidimos a ir… ¡Está cerrado! No puede ser pero si ayer estaba abierto… En fin, se ve que hoy es el único día que está cerrado, que suerte. Pues nada, después de volver damos una vuelta para ver donde vamos y al final cenamos en el mandarín Si Chuan de Warmoerstraat 17 (cerca del hotel, frente donde la fondue del otro día). Pido arroz frito y pato pekinés crujiente por 15,50€.

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