jueves, 12 de marzo de 2009

Dios creó el mundo, menos Holanda

Cuando pensamos en Holanda pensamos en bicis, tulipanes, molinos, zuecos... Cuando pensamos en Ámsterdam pensamos en Van Gogh, coffe shops, prostitución... Cierto es que cuando se comenta un próximo viaje a Ámsterdam y más, si se es joven, los demás enseguida relacionan el viaje con una "fumada".

Un día, una conocida, me pidió que le ayudara a hacer una reserva para su fin de semana en la ciudad de los canales. Cuando volvió, lo único que podía explicar era lo bien que lo había pasado yendo de coffe shop en coffe shop. Su hostal estaba cerca del Museo van Gogh, del cuál decía que le gustaban sus obras, pero parece ser que la "niebla" no le permitió visitar nada de nada.

En fin, los recuerdos con los recuerdos. Algunos dicen que tengo una mente privilegiada pero no creo que sea así. Simplemente me gusta exprimir mi cerebro embutiéndole el mayor número de instantáneas posibles.

Cuando llegué a la ciudad hacía mucho frío, el día estaba gris y a simple vista no se sabía si me iba a gustar. Los edificios me recordaban a la decepcionante panorámica de Helsinki, así que no sabía que iba a pasar. Se dice que la primera impresión es lo más importante de cuando se conoce algo, en tan solo un saludo nuestra apariencia puede transmitir múltiples sensaciones, y aunque no lo es todo, nuestra cara puede decir muchas cosas acerca de nuestra personalidad. Los vientos húmedos que vienen del Mar del Norte provocan lluvias con bastante frecuencia. Las épocas del año con más lluvias son el verano y el otoño. La cara de Ámsterdam en septiembre estaba algo difuminada.

Después de recorrer sus calles, lo que más recuerdo son los parques y casas singulares, los tranvías cruzándose por todos los lados y los gritos de una holandesa enfadada que casi me arrolla con su bicicleta. Considero que dos/tres días son suficientes para empaparse del ambiente de la ciudad. Para mi gusto, es mucho mejor descubrir el conjunto que forman los ‘Países Bajos’. En realidad, Holanda sólo es una región occidental de los Países Bajos, dividida en dos provincias. Los pólderes simbolizan la lucha del territorio contra el mar. Su parte agrícola, el verde, los diques, son un ejemplo de la riqueza que se sitúa más allá de los vicios humanos.

Seguro que mi próximo viaje a los Países Bajos será diferente, será para ver los campos de bulbos. Si bien los Países Bajos se caracterizan por la gran producción y comercialización de tulipanes y bulbos de esta planta, el tulipán no es originario de este país, sino de Asia oriental. Aunque tenía una imagen preconcebida de Ámsterdam y los Países Bajos, he dejado lugar al conocimiento. He aprendido cosas como la procedencia del nombre de la ciudad, relacionada con los canales. Ámsterdam se construyó sobre diques para que estuviera protegida de las aguas del mar. De hecho, la palabra 'Ámsterdam' proviene del nombre del río que atraviesa la ciudad, el Amstel, y de la palabra 'dam', que en neerlandés significa dique.

Cosas tan simples como estas y otras muchas, son las que hacen que piense que aún me queda por descubrir... Unos 1000 puentes, 15.000 km de carril bici, la ‘Erwtensoep’ (sopa de guisantes), los coffe shop, cenar en un invernadero, el interior de los molinos, el ‘Jardín de Europa’, dormir en un barril de vino en Stavoren...

A través de nuestros ojos, en el diario, os invito a aterrizar 4,5 metros bajo el nivel del mar. ¡Abrocharos el cinturón!

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