martes, 10 de marzo de 2009

En la Tierra de Dios 'Marrakech 2009' (primera parte)

7 DE ENERO

En tierras marroquíes nos esperaba el chófer que nos llevaría al hotel. Cambiamos los euros por dirhams y subimos en un taxi con aire retro, un Mercedes Benz antiguo color vainilla a través del cuál nos fuimos acercando al centro de la ciudad. Al fin, llegamos a un parking donde sacaron nuestras maletas y vino un chico con una carretilla que nos guió hacia el hotel.En ese momento, me hubiera gustado que alguien nos hubiera hecho una foto... En vez de ir al glamour, semejaba una visita a unas catacumbas, una antítesis de la idea preconcebida. Tras el camino sin asfaltar aparecimos frente a una puerta, detrás de la cuál nos esperaba Fatiha. Bonjour, asseyez-vous! El gesto para que nos sentáramos no nos acababa de convencer, pero sin ánimo de molestar, aceptamos su invitación. Allí estábamos, sentadas en los sofás frente al patio, tomando té de menta y unas galletitas. Firmamos los papeles y nos acompañó a nuestra habitación en el último piso, la Suite Nomade.
Después de deshacer el equipaje y con el mapa en mano, nos disponíamos a salir en busca de la Plaza Jemma El Fna. Solo salir, ya fuimos en la dirección equivocada, a la izquierda en vez de a la derecha. Preguntamos a unas autóctonas con educación hacia dónde estaba la plaza pero ellas, se refugiaban en sus ‘catacumbas’ y no osaban contestar, quizá por miedo a represalias de los maridos o puede que simplemente porque no hablasen francés, aunque es más factible lo primero. En vista que ellas no nos iban a ayudar, preguntamos a un niño que nos intentó liar más aún. Un chico joven nos dijo lo contrario que el niño y le seguimos un trozo. Así, después de unos diez minutos andando, llegamos al bullicio. Primero hicimos unas fotos a la Koutubia y después al inmenso espacio lleno de paraditas.

En el Café L'Argana comimos un Tajine, un recipiente tradicional de comida marroquí con tapa cónica. El de mi madre no recuerdo de que era pero llevaba verduras. Yo lo pedí de cordero con nueces y pasas. Estaba mucho mejor el mio, claro... Con el estómago lleno, volvimos hacía el minarete y andamos un poco por los jardines de alrededor.

Rodeamos la mezquita y regresamos a la gran explanada declarada Patrimonio de la Humanidad. Había oscurecido algo y se empezaba a animar pero decidimos al poco volver hacia Dar Warda ya que era el primer día. Al llegar al parking del riad nos confundimos de calle y enseguida nos percatamos de que estamos en la calle equivocada. Al final en una tienda y con la tarjeta del lugar, nos dijeron que era en la calle paralela. Entramos en el derb (callejón) Sidi Bouamar y giramos en el 271 a la izquierda. Ya estábamos en nuestro destino... Cenamos en el dar tal y como nos habían propuesto. Sin llenar mucho el estómago nos fuimos directas a dormir. Laila Tiaba

8 DE ENERO

A las 5:30 aprox. me desperté oyendo la llamada a la oración pero al cabo de unos cinco minutos intenté volverme a dormir. Horas más tarde nos levantamos y nos arreglamos para bajar a desayunar y partir hacia Essaouira.

En el parking del riad, nos esperaban el mismo chófer que nos recogió en el aeropuerto, el mismo mercedes vainilla y dos horas y media de carretera. Una carretera recta, alejada de cualquier sinuosidad terrenal plagada de gasolineras Afriquia, fundadas en 1959 por el difunto Ahmed Oulhaj Akhannouch y Haj Ahmed Wakrim. El chófer nos indicó donde finalizaba la ciudad y fuimos pasando poblados. Pasamos por los bosques de árboles de Argan, del preciado aceite de Marruecos y alucinamos viendo cabras subidas por todo el árbol comiendo sus hojas, brotes tiernos y frutos. He leído que por la noche, los animales empiezan a rumiar y escupen los huesos de los frutos, grandes como bellotas y duros como almendras y así el pastor los recoge sin haberse pinchado ni una sola vez. Sin embargo, nuestro conductor nos dijo que las chivas estaban colocadas por los bereberes para que los turistas hagan la foto de rigor. Más adelante, nos preguntó si queríamos parar en una fábrica de dicho aceite pero decidimos continuar 'tout droit' para llegar lo antes posible.

Me habían dicho que Essaouira era un 'Sitges arabizado' pero esta semejanza era un verdadero desacierto, un desliz provocado por la retina, una confusión mental propia de la desorientación temporoespacial. Estábamos frente al Atlántico, frente a una ciudad llena de apodos 'La perla del Atlántico', 'La Bella Durmiente', 'Hermosamente trazada'. Nada más allá de las gaviotas, las barquitas de azul intenso, los pescadores, los bohemios y las murallas defensivas.

Si, es bella, las fotos son bonitas y la ventana un reflejo de ello, de los rincones que se esconden tras su medina algo occidental y consumida.

Después de visitar el puerto y la medina, paseamos por el paseo y contemplamos la playa. Nos sentamos a tomar el sol y fuimos a comer al restaurante 'Chalet de la Plage Chez Jeannot'. Había recibido opiniones de todo tipo sobre este restaurante y finalmente, creo que las opiniones no tan favorables tenían razón. No por el mal trato recibido, todo lo contrario, pero la calidad no era para tirar cohetes. Pedimos dos menús, pensábamos que yo había pedido algo que ya no recuerdo y pescado frito y mi madre ostras y pescado a la plancha. Después de esperar un ratito, vimos en nuestra mesa un plato de ostras y un plato de erizos de mar. Uff que mal! Le dijimos que pensábamos que era otra cosa y si nos lo podían cambiar por otro plato de ostras. Eau minerale 1/2 + Heineken + 2 menu = 395dh.

Tras comer, volvimos a la zona junto a la medina y acabamos de dar un paseo visitando tiendas, comprando postales y quedamos con las ganas de comprar algún cuadro. Mi madre compró una especie de portavelas de piel pintado de henna.


De vuelta a Marrakech, decidimos parar en la fábrica de aceite que habíamos obviado por la mañana y vimos con nuestras propias gafas el elevado coste del oro líquido. Compré un jabón de manos pequeñito (para la 'suegra' y para la abuela paterna) hecho con aceite de Argan y limón que costó unos 6€.

Al entrar a la ciudad había atasco y tardamos algo más en llegar. Sin cambiarme, nos fuimos en busca del Café Arabe. Estaba lloviendo y llegamos con una pinta horrible. Nos sentaron en una mesa de la terraza cubierta y pedimos unos 'Nems au fromage' una especie de rollitos de queso y Carmen pidió unos 'Ravioli au berre' y yo 'Farfalle salmone'. Como siempre, mi elección era la mejor. Entrante compartido + 2 segundos + 1 botella de vino sémillant Sahari blanc' = 360dh. Algo a destacar, a parte de la pasta salmón, el rojo de las lámparas.
9 DE ENERO
Parecía que ya me había acostumbrado a la shahada 'la ilah illa Allah wa Muhammad rasul Allah' (no hay otro Dios sino Alá y Mahoma es su profeta) y me desperté a una hora más o menos normal. Desayunamos en la terrazita contigua a la habitación y cogimos un taxi por 20dh hasta el Jardin Majorelle, el jardín botánico diseñado por Jacques Majorelle y restaurado por Yves Saint-Laurent. Es un espacio atractivo aunque me esperaba algo más extenso. Destacaba la vegetación, el azul intenso, los reflejos y los cactus -30dh-.
Al salir, fuimos en busca de la parada del autobús turístico pero no hubo manera de encontrarla... Andamos y andamos, cada vez que preguntábamos nos decían recto recto. Cansadas de no encontrar el punto, paramos un taxi para que nos llevara hasta la Plaza Jemma El Fnaa ya que desde allí también salía, pero justo al instante de arrancar y cuando vamos a girar a la izquierda, veo la parada del bus turístico! arrêtez-vous! arrêtez-vous! Pagamos de todos modos al taxista los 20dh que habíamos pactado y cruzamos para montar en el bus -Ticket 24h 130dh-. Nos sentamos en la parte superior con los auriculares y dimos una vuelta entera de 1h30min. aproximadamente. Después, continuamos montadas en el bus y nos bajamos en el Jardín de la Menara y tras unos 20 minutos volvimos a subir para bajarnos en el Palacio de la Bahía. Cuando llegamos al Palacio estaba cerrado así que dimos una vuelta por la Place des Ferblantiers, rodeada de puestos de lámparas.
Volvimos al bus y fuimos hasta la primera parada. Al bajar, fuimos rápido al lavabo de un bar y regresamos para montarnos en el que hace la otra línea 'Marrakech Romántico' que es la que nos acercaba hasta el Palmeral.

Después de otra hora y media, fuimos andando por la Avenida Mohamed V y entramos en Zara. Tenían las rebajas y las prendas parecían incluso más caras que aquí. Pensamos en comprar algo de abrigo para el día siguiente ya que con el mal tiempo que hacía veíamos que en el Atlas íbamos a pasar frío. Al final no compramos nada y fuimos a comer al McDonald's. En el universo globalizado fast food es donde se aprecian anecdóticas diferencias del comportamiento humano. Mientras en Barcelona (como en muchos otros lugares de Europa), la cadena es sinónimo de hamburguesa barata (aunque no tanto) y lavabos sucios, allí el lavabo resplandecía y estábamos rodeadas de gente joven de semblante chic, pendientes Chanel, bolsos Tous, bolsas Lacoste y gafas de sol Gucci.

Con algo de energía cruzamos la calle y paramos a un taxi que nos llevó hasta el Palacio de la Bahía que no habíamos podido visitar antes. Su nombre significa 'lo más bello' y Una de las curiosidades de su construcción es que todo el mármol procede de Italia y fue canjeado a los marroquíes por kilos de caña de azúcar -Precio 10dh-. Después, fuimos andando hasta la plaza y al hotel y nos cambiamos para ir a cenar. Fuimos a un restaurante que nos recomendó el chico de allí, el Dar Moha. Una vez sentadas en la mesa, vimos que la carta estaba compuesta de un menú, un menú degustación que era fijo y por tanto teníamos que pedir eso. Como vimos que estaba compuesto de muchos platos, preguntamos si podíamos pedir uno para las dos. Al haber hecho la reserva desde el hotel al final nos dijeron que no había problema. El primer plato estaba compuesto de unos 10 platos (pimiento rojo y verde, salsa de pimiento del piquillo, melón en cintas finas moldeadas...), seguidamente pastilla (plato agridulce de origen andalusí elaborado con finas capas de hojaldre que se rellenan con carne de pichón, especias, azúcar y perfumada canela) de algo con codorniz, tajine de no recuerdo que con cous-cous tradicional y de postre una especialidad de milhojas con manzana. La cena estaba amenizada con músicos tradicionales. Pues bien, a mi la cena me gustó pero al día siguiente mi madre estaba malísima. Había pasado la noche devolviendo... -Menú 530dh-.

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