La tercera parada fue ya donde finaliza la carretera. En frente, mujeres lavando en el río y un guía esperando a ver si queríamos aventurarnos a visitar las cascadas. No estábamos muy convencidas pero en fin... ya que habíamos llegado hasta allí... Cruzamos un puente colgante y nos despedimos del chófer. Empezamos a subir por las rocas, pasando por caminitos estrechos y acantilados que eran fenomenales para mi vértigo. Mi madre decidió abandonar al llegar a una paradita en la que vendían recuerdos y se quedó sentada y yo seguí al guía cruzando el río, apoyando mis zapatillas nuevas de 9€ de la tienda de los chinos, contra las piedras resbaladizas. Al fin, llegamos a la cascada, donde descansé un momento mientras el guía me sacaba algunas fotos.
Entre la ida y la vuelta, tardamos unos 20 minutos que sirvieron a mi madre para reposar algo. Pese que bajar era más complicado que subir, aún pude sacar algunas fotos para el recuerdo. El guía me explicó que en verano la parte del río en el que zambullí casi los pies estaba seca y que en diferentes puntos hay paraditas de bebidas, etc. Ahora no había tanto lío, pero si más agua.
Pagamos 120dh al acompañante ya que pedía la voluntad y pese a ello, no le hizo ninguna gracia. El chófer nos dijo que nos había salido bien porque normalmente les dan unos 200 incluso 300dh pero hay que tener en cuenta que: en primer lugar mi madre no hizo la visita a las cascadas, sino que se quedó a medio camino y en segundo, yo fui hasta la primera cascada, a la segunda ya no fuimos porque lo veía complicado. Por tanto, no me parece mal pagado... Además aquí normalmente todo es más caro y en verano, se pueden hacer visitas guiadas de 2h por 3€ y en Barcelona los Walking tours por unos 12€. El guía con su enfado ya no nos tendió la mano para ayudarnos a cruzar el puente colgante pero nos comentó si queríamos visitar la casa bereber. Después de ver su reacción ya no quisimos ver la casa y decidimos partir hacia Oukaïmeden. Al rato de estar en camino y tras unas primeras curvas, vimos el cartel de entrada al Parque Toubkal, zona que ofrece las cimas más altas de África del Norte. Tras el cartel empezábamos a ver la nieve más cerca y unas curvas cada vez más aguadas y empezaban a aparecer algunos quitamiedos. Llegando a la cima a unos 3273m de altura, había más y más niebla. Parecía que estábamos acercándonos al fin de nuestros días. Sin duda, habíamos llegado al lugar donde se puede estar más cerca de Dios. Hicimos una pausa para ir al baño y premio! perdimos al chófer... En un clima mucho más frío que en el resto del país, perdidas, heladas, desesperadas... Al cabo de unos 10/15 minutos apareció el conductor y pudimos volver al 4x4 y aguantar con los pies calados hasta nuestra llegada al Dar 1h después.
En la habitación ella se tumbó a descansar un rato y discutimos un poco sobre donde ir después. Sin comer, nos fuimos en dirección a la Madraza de Ben Youssef, la antigua escuela coránica donde vivían los estudiantes. Preguntamos a un chico y nos dijo en la dirección que era. Empezamos a andar y paramos frente a un puesto de mantas y telas en el que Carmen compró dos pares para poner en los sofás de su casa. El chico del puesto nos dijo que nos acompañaba hasta la Madraza y de camino nos desvió para ver el zoco de los tintes. Al llegar, la mayoría estaban vacíos y no se acercaban a la idea que tenemos normalmente de ese lugar. Te imaginas colores pero allí nada de nada... creo que es más bonito en Fez, así que es mejor obviar esa visita. Al momento entramos en la Madraza -50dh- y le dijimos que ya no era necesario que nos acompañara más. Le dimos muy poco dinero y se fue dando un empujón con el hombro. El patio y los arcos eran preciosos y en el piso superior se podían visitar las estancias. Costaba imaginar cómo aquellos discípulos podían vivir en aquellas celdas.
Justo al lado, se encontraba el Museo de Marrakech al que no entramos, y la Herboristería del Paraíso. Cuando vas en grupo supongo que te dan una charla sobre sus productos pero nosotras entramos para comprar unas hierbas para el hígado que me habían encargado -8dh-.
Con las hierbas en mano, volvimos hacia nuestro alojamiento y por el camino compré una tetera buena. Esa noche fuimos a cenar al restaurante del Palais Donab y cenamos una ensalada césar, un entrecot, una hamburguesa americana, una botella de agua sin gas y una con gas y un helado = 440dh.
11 DE ENEROYa era nuestro último día y por la mañana cogimos un taxi hasta las Tumbas Saadies, una especie de cementerio de la dinastía. Hasta 1917 estuvieron cerradas y oímos de boca de una guía española que estaba con un grupo, que fueron descubiertas por los franceses después de sobrevolar la ciudad en un intento de hacer un plano de ésta. -10dh-.
A la salida, había un guía de japoneses al que preguntamos como ir al Palacio Badii y nos dijo que les podíamos seguir y que ya nos lo indicaría. Allí íbamos, rodeadas de nipones y sin entender nada de nada.
Después de un pequeño recorrido, llegamos al palacio -10dh-. Este último, fue el más monumental de los que vimos. Está compuesto por varios pabellones alrededor de un gran patio central y se puede subir a la parte de arriba para obtener unas vistas de los terrados, las antenas y las cigüeñas. Una de las cosas que más me sorprendió fue que en casi todos estos palacios, después de la entrada real, hay máquinas canceladoras que no tienen ninguna utilidad. Dichas máquinas también las pude ver en unas pirámides de Egipto, las cuáles según el guía, estaban puestas allí para mostrar en qué se gastaban el dinero, en vez de invertirlo en la conservación de estos lugares. Desconozco si en Marrakech están por lo mismo, pero me parece vergonzoso.
Al finalizar nuestras visitas, fuimos andando hasta la plaza y de camino compré en una tienda una caja de 6 vasos para el té, 3 con el dibujo en rojo y 3 con el dibujo en naranja. Seguidamente recorrimos todos los zocos que pudimos. Tocaba comprar los autoregalos, souvenirs y todo lo que se nos antojase. Era el momento de regatear! Aquí va la lista de cosas que compré en los zocos:
- Vestido para el verano (para mi)
- 2 joyeros (1 para la suegra, 1 para mi)
- 1 babuchas (para mi padre)
- 1 camiseta de Marrakech (para mi novio)
- 1 pastillero (para mi abuela paterna)
Cosas que me quedé con ganas de comprar:
- Plato/cuadro de cerámica pintado a mano para colgar en la pared
Antes de partir, me había concienciado del arduo trabajo que me suponía esto de comprar en Marrakech. Mis intentos de compra en Túnez y en Egipto habían sido nefastos... Los mercadillos no son lo mío... Me informé de que debes ofrecer aproximadamente 1/3 de lo que te piden. Pues bien, al final lo teníamos más o menos dominado. En Marrakech es de los destinos visitados en los que te agobian menos, sobre todo si vas por la tarde. El primer día fuimos a mirar por la tarde y al estar cansados pasaban de todo y este último día de shopping era casi primera hora de la mañana por lo que al principio estaban un poco reacios a rebajar el precio. Según ellos, al ser el primer cliente del día no pueden dejarlo tan barato. Pese a ello, en la zona de los vestidos, mi madre miró uno de manga larga por el que pedían 450dh. Dijimos que era muy caro, se fue probando varios, la verdad es que no le cabían excepto uno. Cada vez nos rebajaban más el precio y el señor iba corriendo de tienda en tienda en busca de otros más grandes. En vista del que el único que le estaba bien tenía toda la tira de diminutos botones sin atar y puesto que es un trabajo de chinos, decidió no comprarlo. Pese a todo, el precio final por el que nos lo ofrecía era por 150dh, es decir 1/4 del precio inicial.Después de las compras paramos en el Café L'Argana y luego cogimos una calesa por 120dh que nos dio un paseo de unos 40min. y nos dejó donde le dijimos, en el Pizza Hut.
Comimos en Pizza Hut un Sandwich Supreme, un Pain Ail Pepperoni y dos pepsis = 77dh. Seguidamente caminamos en busca del restaurante al que pensábamos ir a cenar, el Comptoir Darna. Como la carta no nos entusiasmó, seguimos hasta el Hotel Sofitel y preguntamos por el restaurante que habíamos visto en la guía. Nos dijeron que estaba cerrado y que no tenían la carta pero decidimos que íbamos a volver por la noche.
De allí cogimos un taxi hasta el hotel y hicimos rato en la sala de lectura tomando como muchas tardes un té de menta y unas galletitas. Nos cambiamos y salimos a coger un taxi compartido con una chica hasta el hotel. Cenamos en el restaurante gastronómico L'Orangerie un entrante para compartir de langostinos y alcachofas y de segundo mi madre cordero y yo magret de pato + 1 vino semillant blanc = 690dh. Tras la cena, pasamos al lounge bar y tomamos unos mojitos de fresa -120dh-.

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